In Memoriam
Elsita, tu historia comenzó en los invisibles designios de Dios, tangiblemente para nosotros se inicia cuando ibas sola al cine y un impetuoso joven comenzó a enamorarte, según tu misma contaste. Desde entonces unieron caminos y vidas en una bandera común con una estrella que siempre los guió y brilló en nuestro hogar con alegría. Un camino sembrado de trabajo y esfuerzo constante y honrado que marcó todas sus vidas. Aparecieron en la historia personajes que fueron copando y robando los espacios de nuestro tiempo, de nuestra existencia. Se llamaban Comunistas, se decían Socialistas-Radicales, se creían Liberales, se ufanaban Demócratas, pregonaban de Conservadores. Enarbolaban sus propias banderas que los vientos de la vida destiñeron y desgarraron; la ignominia, la delincuencia y la mentira eran su forma y fondo. Eran conocedores de la verdad, su verdad era la verdad, "Nosotros somos la solución a sus problemas" publicitaban. Las soluciones implementaron, sus soluciones más problemas originaron. Las excusas no se hicieron esperar, a alguien o algo tenían que echarle la culpa, ..."es que el mundo va cambiando", ..."es que las crisis económicas",..."y dónde esta Dios", muchos culpables encontraron. Ellos no eran culpables de nada, eran las circunstancias. Y sólo llanto produjeron.
Mi existencia se topó con la de ellos cuando dijeron:"pensamos en el futuro de los niños", "¡que bueno!" dijeron todos, el suceder de los acontecimientos hicieron surgir en mi las preguntas: ¿los niños son sus niños?, ¿estoy yo entre los niños?. Proclamas al viento lanzaban, con palabras movían al mundo. Cuando el viento cesó, en el mismo lugar se encontraban. Ustedes se afanaban día a día, hora a hora por el sustento, éramos doce, yo creciendo. Cuando uno quería opinar lo interpelaban..."que sabís tú...", los ignorantes planificaban mi vida, planificaban nuestra vida.
El terror apareció con nombre de Estado, tiempo después otro terror lo reemplazó. La verdad de ambos el viento se las llevó, las mentiras de ambos se esfumaron. Esas ráfagas de viento se llevaron parte de nuestra existencia, de nuestra juventud.
Cuando los colores de las banderas cambiaron, los rostros ya conocidos en asientos modernos se acomodaron. Cambiaron los tiempos, cambiaron las banderas, las palabras no, los rostros tampoco. Los niños ocuparon los puestos de sus padres y los mismos problemas ocasionaron hasta que descubrieron la bandera y la estrella de ustedes, pretendiendo apropiarse de ella. Ahora sólo tenían que copiar. Ustedes ya no están, sus últimos esfuerzos en nuestra casa lo entregaron.
Ahora estoy aquí, con dualidad de sentimientos de alegría y tristeza en mi alma por tu partida. Alegre; porque con alegría debes haber sido recibida en el Reino de Dios, el reino de los cielos de los elegidos, donde seguramente estarás en los primeros lugares delante del altísimo. Tristeza por no sentirte más físicamente a mi lado, eras mi refugio y descanso junto a mi padre en circunstancias apremiantes de mi vida creadas por nuestros enemigos comunes. Nadie comprenderá jamás lo que significaba llegar a casa, a tu hogar, el alivio que uno sentía en ella. Sólo en los últimos tiempos los profanos descubrieron algo de tu calidez, cuando sin encontrar salida del caótico y oscuro túnel en que nuevamente nos sumergían vieron brillar la luz de la estrella que a través del tiempo los guió a ti y a mi padre. Los farsantes no tardaron en adueñarse de sus símbolos. Tristeza siento por no haber alcanzado a retribuirte algo de lo que merecías, no me dejaron; eso quedará por siempre dentro de mi.
Llegaste y te fuiste en silencio como a ti te gustaba, pero para mi no es suficiente, debo proclamar tu nombre al mundo como registro de tu existencia, valor y valía, representando a otras madres unidas en el dolor y sacrificio; en el circo de la vida que han creado los impíos las luces apuntan en dirección contraria encandilando a los despistados. Ahora que supieron de tu existencia y de tu vida, cómo osarán presentarse ante ti y ante Dios y su juicio. Buscarán refugio en el dinero de un mundo que no les pertenece y donde tienen que pedir permiso para vivir día a día.
Descansa en paz Elsita, madre mía, nuestra y también de muchos otros, descansa en la bondad del Reino de los Cielos, tu Reino.
En memoria de Elsa Rosa Figueroa Parraguez fallecida el 22 de Abril a los 85 años. Tu hijo Julio Jeraldino Figueroa. Quillota, Chile, Mayo del 2006.
