Al Correr del Anillo
Bos caminaba ansioso en aquella calle fría y cristalizada por el invierno boreal. Nadie sabía de él, porque nadie sabía que estaban dentro de él, ¿cuándo comenzó el juego?, ¿cuál fue su inicio? El anillo giraba de mano en mano, de boca en boca, pero ¿dónde esta? El anillo que se buscaba yacía en las entrañas de la Tierra y de las personas, lo buscaban y escondían, hecatombes mundiales fueron sus efectos. Su fuerza colisionó y colisionó laberintos humanos. El anillo humano fue sacudido por las fuerzas centrífuga y centrípeta, los primeros fueron empujados al abismo de la oscuridad y las tinieblas: Fannie, Freddie, Aig y los otros, ¿qué fue de ellos?; los segundos a un universo nuevo, efímero e irreal, el anillo se fragmentó. “¿Qué hacemos?”; “seguir buscando el anillo”; “pero si estamos dentro de él, experimentamos la fuerza de gravedad”; “dijeron que nada sucedería y se nos esta yendo la vida”; “calla y afírmate como puedas”; “me estoy mareando y tengo ganas de vomitar”; “es el síndrome Ponzi-Madoff-Minski o PMM, date de cabezazos con la pared"; “¿quién la provocó?”; “los súper colisionadores de hadrones”; “kaputeen a esos güevones”. Las manos generosas y unidas de Bos y otros intentaban detener el giro del anillo buscando la explicación de la causa originaria y su efecto primero. Con el número 44 en su espalda Bos llegó al Encuentro, él y sus amigos continuaron caminando juntos por el invierno del Septentrión. El principio fue la palabra.
Julio C. Jeraldino

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